Saboreo cada acto. Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí, entonces me portaba como los demás querían y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación, siempre había alguien difamándome. ¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario! Desde entonces me atreví a ser como yo.
El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo. La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando indetenible.
Soy guerrero: mi espada es el amor, mi escudo el humor, mi hogar la coherencia, mi texto la libertad.
Si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme, no hice de la cordura mi opción. Prefiero la imaginación a lo indio, es decir inocencia incluida.
Quizás solamente teníamos que ser humanos. El que tú no veas los átomos, no significa que no existan.
Por eso es muy importante que sea el amor lo único que inspire tus actos.
Sin amor nada tiene sentido, sin amor estamos perdidos, sin amor estamos en riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz.
En realidad, sólo hablo para recordarte la importancia del silencio. El silencio es la clave.
La mejor manera de ser feliz es: “ser feliz”. Reconstruye tu raíz y saborea la vida.
Nuestro potencial interior aflora espontáneamente cuando nos dejamos en paz.
Valha-nos, Nossa Senhora da Medianeira
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